lunes, 12 de febrero de 2007

Mensaje en una botella.




Bueno, tal vez antes de nada debería presentarme. No resulta fácil decir como es uno mismo y ser honesto del todo. Así que para no engañar a nadie comenzaré por lo innegable. Soy de Palma de Mallorca, tengo 34 años y desde hace 9 me dedico al buceo profesional. Alguien podría pensar que debe ser complicado pasar media vida bajo el agua, a solas, y que en la mayoría de la ocasiones te de igual si tienes los ojos abiertos o cerrados, por que vas a ver lo mismo, o sea, nada. Pues tiene toda la razón. A eso podríamos añadir algunas circunstancias “especiales” que en otra ocasión ya trataré, dado que merecen un espacio propio y una reflexión profunda (nunca mejor dicho). Debéis saber que la nuestra es una profesión poco estable, por decirlo de alguna manera. Un día trabajas aquí, los siguientes tres meses en otro lado o de repente te puedes tirar una larga temporada sin que te salga nada. Ahora me toca a mi una de estas. Por eso he pensado en asomarme al exterior, para llenar los pulmones a grandes bocanadas. Aunque conviene avisar de que saldré despacio, no quiero cegarme con la luz del día después de tanto tiempo a oscuras. En fin tanto si vais a estar ahí como si no, lanzaré mi pequeño mensaje con la esperanza de que alguien en este u otro mar, recoja mi botella, pueda de alguna manera escucharme, y sea capaz de hacerle intuir que el fondo del mar existe y, en el, hay mucha más vida de la que se adivina al ver su superficie. Ah, y que quede claro que en ningún momento aspiro a que me comprendan ni a que me rescaten.

Saludos, por ahora, terrestres.
Frogman



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